El Wawaki, poema de sabor peculiar, se cantaba en forma dialogada. El amor chancero, el ingenio aguzado por el afán galante del hombre y la posición de apariencia defensiva de la mujer daban vida a este estilo de composición. Un coro formado de individuos de un sexo, iniciaba el canto y era respondido por otro del sexo opuesto.
Una modalidad distintiva del WAWAKI estaba en un estribillo de una sola palabra que a manera de exclamación se repetía detrás de cada verso. Esta repetición no produce monotonía ni desvirtúa en poema; al contrario, le da un relieve sugestivo, un fondo persistente sobre el cual se destaca la belleza del conjunto. Ninguna poesía antigua de Europa ni de otros continentes nos ofrece ejemplos de tal naturaleza. Los poetas europeos primitivos, particularmente los franceses, como Charles Dórleans (391-1465), Cléments Marot (1495-1544), etc. Frecuentaron el estribillo, pero colocado siempre al final de la estrofa, nunca detrás de cada verso. Además el estribillo tenía cabida sólo en determinados géneros de composición, como la balada y el rondel. Los quechuas emplearon este recurso casi en toda su poesía, en el JAILLI, en el ARAWI, en el WAWAKI, en la QHASHWA, etc. De modo que es una característica que al otorgar una fisonomía inconfundible a la lírica del Incario, descubre también su origen, pues no será posible admitir que poetas coloniales, accidentalizados hasta lo inverosímil, se hubiesen complacido en versificar quebrantando los cánones inflexibles de su tiempo.
El WAWAKI se cantaba principalmente en las festividades consagradas a la Luna o durante las épocas en que había que cuidar las sementeras, de noche, de los perjuicios que ocasionaban en ellas el zorro, la AÑATHUYA y oros animales dañinos. Entonces, al borde de los maizales se reunían los jóvenes de ambos sexos y se esparcían con los cantos de la QHASHWA y el WAWAKI. Poseemos una muestra que da una inde cabal de lo que él era. He aquí unos versos: